y dejar la cabeza rodando y rodando,
pierden importancia las bestias endurecidas
que embistiendo desde fuera remecen los cimientos,
pidiendo, pidiéndome, enceguecidos,
quieren un trofeo que sosiegue su conciencia
y no me preocupa,
a diferencia de los mareos que sufro
cuando juegas con las velocidades
por no sortear el abismo
y nunca basta, nunca creces,
nunca vives si vives trapeando los charcos
de lo que te cercenas y escondes en ataúdes,
los que luego ocultas engullendo
para resentir compensando el ardor de las llagas,
vacío enfermo, veneno putrefacto, más no me quejo,
mi búsqueda es acorde a la masacre giratoria,
entre otras cosas,
como la propia convicción de mis, aún, casi reflejos.
Arte lunar

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