Largas calles en busca de la soledad. Era un monasterio que hace años, marcaba el sello de la muerte.
El flaco me tenia frente a él,
mientras yo observaba sus heridas , el secaba mis lagrimas. Solo le dije; respondeme.
Lo mire fijamente , pero su cuerpo seguía rígido en el altar.
Mire a la virgen, ella era unas de las pocas imagines, que solía mirar fijamente a los ojos. Levantándole los hombros le susurre... "Tu hijo nunca responde".
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Mi ser se puso zapatos altos, un buen maquillaje y una linda sonrisa, afuera del gran monasterio todo seguía igual.

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